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Estos son dos de los principales estamentos del Gobierno Escolar; a partir de las discusiones y decisiones que se toman en estos escenarios los colegios redefinen su “identidad pedagógica” y otras acciones determinantes para la comunidad educativa.


El inicio de año es el momento propicio para evaluar y proyectar cambios en aspectos centrales de las instituciones educativas como el Proyecto Educativo Institucional (PEI), el currículo, el plan de estudios y el manual de convivencia. Las instancias encargadas de estas y otras decisiones fundamentales son el Consejo directivo y el Consejo académico.

El Consejo directivo está conformado por el rector o rectora, dos representantes del personal docente, dos representantes de padres y madres de familia, un representante de los estudiantes elegido por el Consejo de estudiantes del último grado, un representante de los egresados y un representante de sectores productivos.

Entre sus principales funciones están: tomar decisiones sobre el funcionamiento de la institución, resolver conflictos entre los actores de la comunidad educativa, promover la generación y adopción del Manual de Convivencia y el Reglamento de la Institución, participar en la planeación y evaluación del PEI, el currículo y el plan de estudios para someterlos a consideración de la Secretaría de Educación, aprobar el presupuesto de ingresos y reglamentar los procesos electorales.

Por su parte, el Consejo académico está conformado por el rector o rectora, las directivas docentes y una o un docente de cada área del plan de estudios. Entre sus responsabilidades están: asesorar al Comité directivo en la revisión del Plan Educativo Institucional (PEI), estudiar el currículo y proponer su mejoramiento continuo, participar en la evaluación institucional anual, integrar los Consejos de docentes para evaluación de estudiantes y resolver los reclamos de estudiantes por evaluaciones académicas.

En la dinámica escolar

Pero, más allá de estas descripciones, ¿cómo se viven en una institución educativa las dinámicas del Consejo directivo y del Consejo académico? María Angélica Fresneda, docente del colegio Orlando Fals Borda, quiso compartir con nosotros el tipo de preocupaciones que motiva el trabajo en estos dos escenarios. A través de sus palabras es posible descubrir preocupaciones por encontrar estrategias para hacer de sus estudiantes seres transformadores y gestores de cambio. Así se viven el Consejo directivo y el Consejo Académico en el Orlando Fals Borda:

“Que la educación en las escuelas, colegios y universidades se preocupe por el respeto de los derechos humanos y por la ciudadanía responsable; por defender la paz y tolerancia en el manejo de cuestiones públicas e interpersonales. Que la educación fomente la creatividad de los educandos y la constante dinámica educativa a través de la escuela activa y participante”, Orlando Fals Borda.

Este documento recoge la reflexión hecha en la Institución Distrital (IED) Orlando Fals Borda, ubicada en la localidad de Usme, un colegio que emerge de las profundidades de una  montaña, la cual  ha sufrido el proceso de la urbanización, una montaña desgastada porque allí estaban las ladrilleras, que dejaron sus secuelas y ahora hacen parte del paisaje que contrasta con las casas apiladas. Nuestra institución está inmersa en este contexto y a partir de la lectura del territorio y las necesidades de la comunidad se ha tejido una apuesta pedagógica que es a la vez política: formar seres sentipensantes desde la Reflexión, Acción, Participación (RAP).

En este tejido, donde somos el hilo, hemos trenzado sueños e ideas en espacios de participación, reflexión y construcción pedagógica como lo es el Consejo Académico que, a pesar de la necesidad de responder a la inmediatez de los avatares institucionales, ha generado el espacio para proponer una alternativa al proceso de enseñanza-aprendizaje, enraizado en el corazón y el pensamiento. Tras la búsqueda de la coherencia y la armonía,  hemos retomado el pensamiento del maestro Orlando Fals Borda, son sus palabras las que han orientado nuestro andar, camino que nos lleva a tejer preguntas y recordar respuestas que han sido guardadas en la memoria de las comunidades, donde habita el conocimiento. 

De esta manera, la institución se convierte en un espacio dinamizador de transformaciones sociales formando seres sentipensantes, es decir, aquellos capaces de integrar el saber con el sentir y darle un uso social, quienes vivencien el diálogo entre la mente y el corazón en aras de atender a ese compromiso hacia aquellos menos favorecidos, los no escuchados, los excluidos, los marginados y estigmatizados sociales para construir colectivamente alternativas que permitan subsanar estas necesidades y retos implícitos en las dinámicas sociales en que nos movemos. 

Fue desde el Consejo Académico que surgió la idea de potenciar los proyectos para recuperar la sabiduría popular, el sentido común y la historia de las culturas que habitan el territorio, devolviendo así la voz al pueblo para cambiar la relación sujeto-objeto,  dominación-dependencia e incluso maestro-alumno.  Desde allí se planteó la posibilidad de convertir al maestro en investigador, rompiendo los esquemas academicistas que aíslan al docente del contexto y a la escuela del corazón de las comunidades, de manera tal que estas relaciones ya no sean verticales ni jerárquicas sino horizontales, dialógicas y participativas.

En nuestras reuniones de cada 15 días la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo hacemos para formar seres sentipensantes? ¿Cómo modificamos nuestras prácticas para la construcción de un mundo posible? ¿De qué manera nos articulamos entre nosotros y el entorno para hacer una real praxis pedagógica? ¿Cuáles son las necesidades de nuestros estudiantes y cuáles las herramientas que les vamos a suministrar para generar seres transformadores y gestores de cambio?,  porque de algo sí estamos seguros –y fue el lema de nuestro ex rector Eduardo Ramírez–: “Creer que podemos ser un excelente colegio es la mejor manera de comprometer nuestra voluntad para lograrlo”; por eso son necesarios espacios de participación y consenso como el Consejo Académico y Consejo Directivo, todos apuntando a un mismo objetivo: la búsqueda del bien de la comunidad y el hecho de formar seres humanos felices, que entiendan el buen vivir y vivir bien.

María Angélica Fresneda